viernes, 11 de enero de 2008

Sobre los regalos y la costumbre de regalar

A caballo regalado no se le miran los dientes

Estas últimas fechas tradicionales de navidad y reyes ponen la cuestión del regalo como epicentro de todo lo que acontece por esos días. El bombardeo publicitario es tremendo y nadie quiere quedar como un desubicado no regalando nada.
El acto de regalar es un acto comprendido como una actitud de reconocimiento, de afecto; donde se reconoce que existe un lazo de unión y gratificación entre las partes: el que regala y el que recibe el regalo.
Esta costumbre de obsequiar algo debe tener orígenes ancestrales. No es contemporáneo esta costumbre; lo actual es la magnitud y lo impuesto como casi obligatorio este acto de regalar. No hay navidad sin regalos gritan a los cuatro vientos los comerciales y las películas navideñas. Sino miren "El expreso polar": un película de animación con la cara de Tom Hanks como el boletero del tren, donde los chicos, luego de haber viajado al polo norte y haber conocido a Papá Noel y su mega empresa de juguetes, exhiben como un trofeo los regalos dejados al pie del árbol de navidad.
George Bataille, escritor y filósofo francés del siglo XX, escribió un libro interesantísimo sobre el Potlach: una antigua costumbre entre algunas tribus africanas y de oceanía - y de otra parte que no recuerdo - donde el poder de los jefes de las tribus se mide de acuerdo al grado de desprendimiento que es capáz de hacer sobre sus bienes, obsequiándolos. Cuanto mayor desprendimiento, mayor autoridad y poder frente a los suyos.
Para los antiguos griegos, el acto de obsequiar estaba también implícito en el sacrificio hacia los dioses. Así, sacrificaban grandes cantidades de animales en adoración a sus dioses.
Todo regalo implica por una parte una voluntad de regalar, pero no necesariamente una voluntad de recibir. El que regala, supuestamente, se desprende de algo. Hoy, se desprende de dinero plástico - tarjetas de crédito - que abonará en cómodas cuotas durante todo un año. Así destinará una parte de su salario a pagar los gastos ocacionados por la compra de regalos navideños.
¿Qué tal, si a la manera del Potlach, los que reciben - destinatarios de los regalos - se negaran a recibirlos y de esa manera demostraran su capacidad de desprendimiento?
Quizás nada.
Obviamente la "industria del regalo" actúa sobre los que compran y sus impulsos y no tanto sobre los que reciben. Aunque por esas fechas son los chicos los que presionan sobre sus padres para recibir los regalos.

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