sábado, 31 de mayo de 2008

Entrevista a Arturo Chillida (2da. parte)

"Vivir para reir"


- ¿En el clown no existe esta dimensión política?

- Por supuesto que sí. Se ha perdido muchísimo; hace años, el clown de circo actuaba en función matinal y vespertina con unos números y en la nocturna con otros donde se permitían el doble sentido en los sketchs y se metían en la cuestión política. Si nos detenemos a ver cuales son los ,ekpres, nos vamos a los grandes: Chaplín, un payaso de cine que cuando hizo "El gran dictador" fue super criticado y sin embargo hoy día es una maravilla. Y en la actualidad, en europa, existe un clown que se llama Leo Bassi, un tipo de familia cirquera y que hace malabares con los pies, tiene un partido político que se llama "hasta los cojones" y en campaña política consigue espacios publicitarios, se anota como partido y está en contra detodo. Es un ácrata que intenta tener en apuros a todo el mundo con ss hipocresías. Sus números casi siempre tienen alguna carga que te hace pensar pero sin ninguna carga reivindicativa de ninguna bandería. Aquí, Cahcovache es uno de los clown que he visto que tiene un discurso que parece más un predicador que un payaso. Y también se mete con la derecha y muchas actitudes de los políticos sin bajar una propuesta de acción; es más un provocador. Creo que es mucho más sano esta actitud provocativa que la bajada de línea, que marcar un camin. Simplemente se puede reir de lo que nadie se anima a reirse.
El clown, para hacer reir, busca en primera medida meterse en problemas. Si o te metés en problemas no hay situaciones graciosas. Si querés hacer un humor blanco sin ningún tipo de "compromiso", están las típicas cosas que hacen reir a todos: las zancadillas, las bofetadas, la torpeza. Si esas situaciones las introducís en un contexto de seriedad, es otro matíz.
- ¿Cómo caracterizarías a tu payaso Arturello De popolo?
- En mi caso particular,soy un enamorado del payaso de toda la vida. Siempre quice hacer eso, trabajar más como payaso clásico y el humor universal. Admiro mucho esos payasos y también a aquellos que trabajan con situaciones comprometidas, fuertes y jugadas. Recuerdo haber visto a Chacovachi frente a trescientas personas en la calle, provocándolas; sintiendo que muchas veces la tensión subía y resolvía las situaciones de tal manera que incluso quienes podrían haberlo insultado, se reían. Es un arte muy difícil de manejar. Existe otro payaso provocador. Por ejemplo un tal Ian Godelbar, norteamericano,, que trabaja con un público intermedio, basado en el clown de toda la vida y se mete a provocar situaciones muy molestas de las que sale airoso.
Yo hago un payaso clásico y he trabajado en España para hospitales con pacientes de recuperación. Todo lo que he escuchado sobre la risa como remedio, te dás cuenta como que sí, que está bueno tener la capacidad de hacer reir y hacer pensar al msmo tiempo. Pero si no se puede todo, no es tan importante. Si se hace reir solamente, de manera sana, también eso vale. Hay quienes no concuerdan con esto de la risa por la risa misma y que esto sólo no sirve. Yo sí creo en esto y tengo como lema "vivir para reir", que es la frase de "Payasos sin frontera" y me parece una bandera loable.
-¿Desde cuando hace que estás en España y cómo es tu relación con el circo allí?
- Me fuí en el '78, en plena dictadura. Mi familia paterna es gente de circo y cuando nacimos, yo y mis hermanos, ya no se dedicaban al circo. Mi padre hizo circo en la Argentina, que se denominaba "Circo criollo", tiee una parte catuada y otra netamente con números cirqueros. El teatro nacional nace prácticamente en el circo criollo. Mi padre se quedó con la parte del teatro y la intentó proyectar acá en Mercedes. Tanto yo como mi hermana mayor actuamos con él. Llegado a España, decidí estudiar teatro, arte dramático, durante tres años. En esa época no había gran cantidad de inigrantes latinoamericanos en España por lo que era difícil tomar trabajo, enseguida te sacaban la tonada o el acento. Quería vivir del teatro y conseguía poco trabajo. La única manera era generando los propios espectáculos. Con una compañía "Espacio cero", hice bastantes espectáculos y conocí a un señor argentino que hacía espectáculos para fiestas de cumpleaños. Me contrató y me fuí acercando al mundo de los payasos. Tendría veinticuatro años cuando me asomé a este mundo. Hasta los treinta no lo tomé muy en serio, hasta que conocí otro hombre que lo tomaba de otra manera: te exigía hacer malabares, entrenarte. Y me empezó a atrapar y a atrapar. Lamentablemente fueron los últimos años de mi viejo que sí era un muy buen cómico y no lo pude aprovechar. Desde entonces no lo dejé más al clown y yo me siento muy bien haciendo de payaso y consigo vivir de esto. He investigado, me ha gustado dirigir y he montado espectáculos de payasos. Investigué magia, números cortos de payaso; más la puesta en escena de números de payasos y con mucha gente amiga terminamos montando la escuela de circo "Carampa". Me gusta el payaso tradicional, que se puede hacer en cualquier lado: la calle, el circo, el teatro, en una casa, para diez o cuatro personas.

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