miércoles, 11 de marzo de 2009

Al fin terminaron los corsos mercedinos 2009

Una lágrima y un lagrimón


EStos corsos mercedinos edición 2009, fueron uno de los corsos más lacrimosos que tenga recuerdo en mi historia personal. Y eso que los corsos de antes, los de los 70 ú 80, eran un poquitín aburridos - la doble mano, la ausencia de comparsas vistosas, la escasa concurrencia de carrozas, las mascaritas y los cachiporrazos -.
Esta edición pasada por agua, tuvo la descencia de durar apenas tres días. La prolongación de las atracciones - algunas decorosamente pasables - hubiera provocado una epidemia de tedio aguda.
Lo que sí es de destacar es la tarea abnegada de los locutores que reavivan el fuego del interés de los espectadores con cada atracción. La tarea es una empresa descabellada ya que hay que vender espejitos de colores por un espectáculo del primer mundo.
- Y ahí se aproxima la comparsa del barrio del sapo. Con su alegre paso y su energía en el baile nos deslumbra en esta noche espectacular. Contagiosa melodía y ritmo alocado. Qué felicidad vivir esta algría. Nos colma de éxtasis su paso.
- VAmos, avancen. Adelante. Que la gente quiere más atracciones.
-Y ahí van los murgueros de la barriada. Su paso nos deleita la vista. ¡Qué maravilla!
-Los muchachos de la carroza de mascaritas requieren de la presencia del jefe comunal. Degustando el exquisito asado a las brasas, los invitados hacen alarde del buen gusto culinario de los figurines.
-Desde aquí se observa, ya viene. Está por caer. La atracción por excelencia de los corsos mercedinos: el rey momo y su séquito de mascaritas y combidados. Una obra de arte de la cartapesta y el ingenio de los talleres municipales.

Las lucecitas de colores cada vez son menos. La famosa mariposa que reposaba frente a la municipalidad pasó a mejor vida. Los adornos colgantes de luces con sus arabescos lucen por su ausencia. Ya ni el olor del choripán inunda las esquinas de la 29: tres, solamente tres puestos se habían instalado para el paladar de los amantes del embutido crujiente.
Las espumas ya no son como antes - pura bolita para agitar y poca espuma para mojar -. Las carrozas abundaron como nunca antes. Tiradas por los tractores municipales fueron unas de las pocas atracciones con una variedad destacada: había regulares, buenas y pésimas.
Al ingenio mercedino se le acabó la alegría de los carnavales.
Pasaron a mejor vida las comparsas numerosas con un despliegue de plumas y lentejuelas. Apenas Lesionados queda como resabio de ese tiempo mejor.
Destacable son los emprendimientos sociales que buscan una alternativa de financiación en los premios que otorga la municipalidad. Otro tema el de los premios.
PAra muestra de la organización de estos corsos 2009 basta aclarar que no hubo segundos lugares, todos fueron primeros premios en su categoría - una atracción por cada categoría -. ¿De qué competencia me hablan?
Lástima que no viva abelito. Era una de las atracciones localistas más queribles de los corsos mercedinos. En su memoria se estableció el premio abelito, otorgado a la atracción que refleje el espíritu de los corsos locales. ESte año lo ganó una joven murga barrial emprendida por el comedor Los Pampitas. En buena hora.